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La tentación de lo agradable

La tentación de lo agradable

“Lunes por la mañana. Llego a la oficina minutos antes de mi hora. Después de charlar con mi  compañero (6′), abro el correo donde me esperan unos cuantos mails por gestionar. Tardo 18  minutos en depurarlos, eliminando spam y comunicaciones internas. Otros son publicidad,  algunos de los cuales sí me detengo a revisar (7´). De los correos restantes, respondo primero al  de mi compañero Miguel Ángel que tanta urgencia requiere (9′). Al entrar en internet para buscar  un dato necesario en la respuesta, aprovecho para aclarar la duda que me surgió anoche  mientras veía esa interesante película francesa (11′).  A las 09:51 h considero que ya es hora de atacar mi lista de tareas pendientes. Porque otra cosa  no, pero planificado hay que ser en este trabajo: siempre hay que disponer de una lista de cosas  por hacer.

Veamos… Tengo ese proyecto tan importante por empezar… no, muy complicado para esta hora  de lunes. Mejor lo dejo para otro día que tenga más tiempo. Debería decirle a mi jefe que el  sector que atacamos la semana pasada no funciona… no, mejor cuando me lo pregunte. ¿Y si  llamo a mi amigo para pedirle que no venga esta semana a instalarse a mi casa? Humm…  Seguramente ya estará en camino… pero espero que sea esta la última vez. Mejor hago las  llamadas pendientes a clientes. ¿El primero de la lista? A este cliente debo decirle que hemos  fracasado con el contacto de esa gran marca… mejor darle la noticia más adelante. O él ya se  imaginará nuestra respuesta. El segundo de la lista siempre parece estar ocupado cuando le  llamo… El siguiente: ¡Este sí! Compran poco, pero siempre parecen estar encantados de que lo  llamemos. ¡Allá voy! No hay como ser una mujer de acción…”

¿Te reconoces en procesos de decisión como los del vendedor del párrafo anterior?

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Así se puede calificar esta tendencia, tan entendible como poco productiva, de dar preferencia  a las actividades que a priori nos parecen agradables en detrimento de aquellas que asociamos  con situaciones o personas menos atractivas.

Tendemos a hacer en primer lugar:

  • Lo lúdico, en detrimento de lo que asociamos con actividades no tan disfrutables.08-300x300
  • Lo fácil, en detrimento de lo que intuimos difícil
  • Lo que  nos  da  rápidos  resultados,  posponiendo  aquel  proyecto  que  demanda planificación y esfuerzos a largo plazo
  • Lo que nos parece interesante, aplazando lo que nos resulta aburrido o monótono
  • Lo que  nos  relaciona  con  gente  con  la  cual  nos  llevamos  bien,  demorando  lo  que asociamos con personas menos simpáticas o afines
  • Lo que creemos que hacemos bien, posponiendo aquellas actividades o funciones en las que nos sentimos inseguros o inhábiles
  • etc…

¿Por qué obramos así?

 Es una forma  natural de obrar, por la que de manera inconsciente, tendemos a hacer primero  lo agradable. El problema es que lo agradable no siempre es lo más productivo, en términos  tanto profesionales como personales.

 

5 reglas para evitar la trampa de lo agradable

 

La mayoría de nosotros ya lo hemos oído, otra cosa es que siempre lo hagamos: hay que definir las prioridades de forma racional.  Si lo hacemos de forma inconsciente, decidirá el ser lúdico y  auto protector que hay dentro nuestro.

El buen criterio para elegir entre actividades alternativas será  empezar con aquella tarea con  más relación e influencia en nuestros objetivos profesionales o personales. O para invertir más  tiempo en ella.

  1. Lo primero por la mañana: el sapo

Si sabes que tiene que tragarte un sapo, házlo  a primera hora de la mañana.  Si fueran dos los  sapos, empieza imagessiempre por el más grande. Mark Twain.

Esta frase de Mark Twain, que inspiró al autor Brian Tracy el título de su libro “Tráguese ese  sapo” con estrategias sobre eficacia profesional, describe una primera recomendación básica: comienza tu jornada por la tarea más difícil o más desagradable.

  1. Márcate objetivos diarios de crecimiento

No permitas que esas tareas rutinarias, fáciles y de rápido resultado te impidan llevar a cabo lo  realmente importante. Por ejemplo, tu desarrollo como profesional o persona. Asígnate  cada  día  una  meta  de  aprendizaje.  O  haz  algo  que    amplíe  tus  posibilidades  profesionales.

Por  ejemplo,  si  soy  un  vendedor,  cada  mes  debería  contar  con  una  meta  de  prospección  y  contacto con nuevos clientes que me amplíe la base de clientes.

  1. Resérvate un tiempo para lo importante

Asegúrate de asignar un cierto porcentaje de tu tiempo, idealmente el más productivo de tu día,  a esas tareas que, aunque no sean las más fáciles o interesantes, guardan una alta relación con  tus objetivos profesionales o personales.

Para  seguir  con  el  ejemplo  de  un  vendedor:  ¿qué  porcentaje  de  mi  tiempo  debo  estar  en  contacto directo con mis clientes?

  1. Defiende ese tiempo A (de alta productividad)

¿Defenderlo de qué? Por ejemplo, de estas maravillas tecnológicas altamente tentadoras como Internet, el correo electrónico o las redes sociales. Estupendos  inventos que nos proporcionan  inagotables posibilidades para, entre otras cosas… perder nuestro tiempo.

  1. Haz cada día algo que te dé miedo

La frase anterior  es una   buena recomendación para evitar el riesgo de mantenerse demasiado  tiempo en territorio confortable.

 

Y tú, ¿Qué otras ideas o métodos prácticas para defenderse de lo agradable? ¿O para desayunar con sapos?

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