“La demanda del territorio terminará por consolidar qué tecnología se vuelve más relevante en los próximos años”

Daniel González Bootello, Director General de Smart City Cluster, conversó con naifman acerca de la labor que desempeña el Cluster en España, los desafíos que enfrenta el desarrollo de ciudades inteligentes y las principales tecnologías emergentes que el Cluster considera prometedoras para el futuro de las ciudades, entre otros temas.

En el dinámico panorama urbanístico, el uso de la tecnología ha emergido como un catalizador clave para dar forma al futuro de las ciudades inteligentes. Daniel González Bootello, Director General de Smart City Cluster, lo tiene claro, y ofrece una visión integral sobre el papel que desempeña el Cluster en España, a la vez que desentraña cuáles son los principales desafíos que enfrenta el desarrollo de estas urbes tecnológicamente avanzadas.

En entrevista con naifman, el directivo destacó la importancia de comprender los desafíos intrínsecos a este desarrollo urbanístico, desde la gestión sostenible de recursos hasta la integración eficiente de tecnologías emergentes, pasando de lo “mecánico” a lo “orgánico”. Además, reveló las estrategias y colaboraciones clave que el Cluster está forjando para abordar estos retos, delineando así un mapa para el futuro de las ciudades inteligentes en España.

En el horizonte de la planificación urbana surgen términos como “Inteligencia Artificial Generativa” y “Ciberseguridad”, sobre los cuales González Bootello reflexiona, arrojando luces acerca de cómo estos conceptos están destinados a transformar la experiencia cotidiana en las ciudades inteligentes, pero sin dejar de lado la “Inteligencia Asociativa” o “la otra IA”, como la llama.

No te pierdas a continuación una visión fascinante sobre el paisaje tecnológico e innovador que delineará el futuro de las urbes en la era digital.

La propia palabra balance se presta a varias interpretaciones. Estos últimos diez años, que han sido los primeros para nosotros como asociación, podrán ser llamados cualquier cosa menos “equilibrados”; así que me quedaré con que en pleno balanceo, y en ocasiones zarandeo, de un lado a otro, hay que reconocer que hemos llegado con el entrenamiento más exigente que uno pudiera imaginar a esta cifra tan redonda; y eso es algo que solo podemos celebrar ya sea como clúster o como representantes de una industria que concentra todas las miradas y expectativas para el progreso de nuestra economía y de nuestra sociedad. Lo intentaré resumir en los siguientes puntos clave.

Por un lado, las ciudades se han convertido en el polo indiscutible de atracción de personas y empresas. Dos tercios del planeta humanizado están urbanizados y eso plantea desafíos constantes a corto, medio y largo plazo. El clúster de las ciudades inteligentes está, por tanto, obligado a situarse constantemente en la primera línea de cientos de miles de decisiones sobre cuáles serán las alternativas que contribuyan a que esa urbanización sea viable y vivible, o por usar el término insoslayable, sostenible.

Por otro lado, la globalización y la digitalización han hecho que las ideas, las innovaciones en todos los sentidos, puedan surgir en cualquier punto del planeta. Es decir, el escenario competitivo en el que se sitúan nuestros asociados es cada día más complejo y ultra exigente, lo que provoca un dinamismo tanto dentro como fuera del clúster que va más allá de si nos resulta o no confortable. Ya no nos paramos a pensar en ello; de hecho, lo que toca ahora es pensar sin detenerse. Y como pensar más rápido no siempre es posible, la única manera de conseguir mejor pensamiento a esa velocidad es hacerlo en grupo. Hemos llegado a un punto en el que la mejor alternativa a la IA es lo que llamamos “la otra IA”: la Inteligencia Asociativa. Esa es la labor esencial y lo que inspira e impulsa nuestro Clúster.

La curiosidad, la inquietud, el dinamismo al que hacía referencia antes, unida a la disposición a colaborar en proyectos ambiciosos y a compartir aprendizajes para crecer mejor, para competir con más garantías.

Primero que nada, desmitificar el concepto de “ciudad inteligente” como si nos refiriéramos a un dispositivo. Las ciudades siempre han sido inteligentes, cada una a su manera y dentro de sus posibilidades y capacidades. Las que no lo han sido ya no están, pero las que están desde hace quinientos, mil o dos mil años no se puede decir que no sean inteligentes, si entendemos esa inteligencia a la manera darwinista, como la capacidad de adaptación a nuevos contextos y entornos.

En segundo lugar, superar el estadio de la inteligencia mecanicista, la que reduce el concepto de ciudad inteligente a sembrar de sensores y mediciones el espacio de convivencia para obtener millones de datos con una perspectiva centrada exclusivamente en el ahorro de costes y la eficiencia de procesos. Durante diez años la industria ha apoyado esa necesidad de los territorios por mejorar su servicio al ciudadano, corrigiendo disfunciones y fallos, pero podríamos decir que eso es “business as usual”. Todas las ciudades aprovechan el estado del arte en cada época para ofrecer un mejor servicio público. La etapa en la que entramos exige un nuevo planteamiento, menos mecánico, más orgánico si se quiere, en el que los territorios aprendan a aprovechar esa información aprendida para descubrir nuevos elementos de diferenciación y revitalización.

Creemos, y en ese sentido trabajamos en Smart City Cluster, en ayudar a ciudades y territorios a descubrir, impulsar y proyectar sus cualidades más competitivas y atractivas, capaces de retener y atraer el talento que tienen y necesitan para crear nuevas oportunidades de comercio, convivencia, bienestar y progreso.

No conviene mirar la multiplicidad de aplicaciones que se nos presentan en el escaparate como si cada una de ellas supusiera una revolución tecnológica. En general, gran parte de la tecnología que aplicamos suele ser una nueva vuelta de tuerca a la que ya existía, solo que con más capacidad de computación y mayor velocidad, por tanto, para procesar la información y entregar resultados cada vez más complejos. En ese sentido, lo que vuelve prometedora a una tecnología es la mentalidad y la actitud de quien le formula las preguntas para que las responda.

La demanda del territorio es la que va a terminar por consolidar qué tecnología se vuelve más y más relevante en los próximos años. Está claro que la inteligencia artificial generativa (IA-Gen) va a ser una herramienta que incremente enormemente la productividad de todos los sectores, y eso impactará también en la gestión de las ciudades. Es muy posible que esa aceleración conduzca (y ya hay alguna muestra de ello) a una progresiva redefinición de la propia gestión de las ciudades hacia visiones más sistémicas, menos nicho, ya que la capacidad para el análisis multifactorial se incrementará notablemente, junto con herramientas de modelado digital, como los gemelos digitales, los sandboxes, y otras de carácter predictivo que pueden ayudarnos a anticipar errores y fallos con mucho más tiempo para su prevención.

La contrapartida y, por tanto, la atención que recibirán las tecnologías relacionadas con la ciberseguridad, serán cada vez más relevantes.  Y ahí de nuevo será crucial impulsar el debate y el criterio con el que se tomen las decisiones para que las soluciones a corto plazo no lleguen a convertirse en inconvenientes futuros.

Como verías, una de las participantes en ese diálogo, la propia CEO de Las Rozas Innova, Cristina Álvarez Requena, definió esta herramienta como “apasionante”. En nuestra experiencia, que compartimos muy de cerca con los expertos de Science and Innovation Link Office (SILO), la CPI, o la innovación desde la demanda, es esencial para que la industria avance de la mano de la sociedad y viceversa. De un modo coloquial podríamos decir que resulta sensato pensar que “el bastón no vaya más deprisa que la pierna”.

Los beneficios son múltiples en todas las direcciones; esa es la base de la “cultura Clúster”, la de habilitar entornos de colaboración y de conocimiento compartido, como decía antes, pero para no exceder la longitud de mi respuesta, animo a quien quiera saber algo más sobre lo que es -y también lo que no es- un proceso de CPI, a asistir “en diferido” a esa mesa de diálogo en el siguiente vídeo de nuestro canal de YouTube:

El 2023 ha sido un año que hemos vivido intensamente. Podría citar el que por segundo año consecutivo Smart City Cluster ha liderado el ranking de clústeres de nuestro país en número de proyectos seleccionados por la convocatoria de ayudas a las A.E.I. del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo.

También podría subrayar que hemos colaborado con la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha para desarrollar el que ha sido el primer proyecto de Territorio Inteligente en España, tras la norma establecida por la UE el pasado año; o que hemos sido los responsables de diseñar y coordinar la primera Academia de Economía Circular, junto a uno de nuestros asociados, Endesa.

A título más particular, la oficina técnica del Clúster se ha visto reforzada por nuevas incorporaciones de profesionales que no provienen exclusivamente del entorno tecnológico, lo que nos permite también ampliar nuestra perspectiva y nuestra propuesta de valor a los asociados.

Hemos terminado el año llegando a acuerdos de cooperación con entidades como la Red Española de Ciudades Inteligentes (RECI), el distrito de innovación de Barcelona, 22@ y otras que irán haciéndose públicas en las próximas semanas, junto a las que estamos convencidos de poder desarrollar proyectos cada vez más ambiciosos y provechosos, tanto para nuestra industria como para las ciudades y los territorios inteligentes.

Por último, nuestra principal expectativa es, precisamente, no frustrar las expectativas que seguimos generando año tras año, desde hace una década. Sería largo enumerar todos los proyectos en los que trabajamos, pero aún más largo citar todos los que nos vemos obligados a posponer por falta de tiempo o recursos. No dejamos de ser una asociación formada por empresas y entidades que se deben a sus exigencias cotidianas, y a la que las limitaciones naturales de una oficina técnica obligan a enfocarse y concentrarse en aquellas acciones que entendemos como prioritarias. Al fin y al cabo, con solo diez años de vida, todavía estamos en la etapa del “desarrollo”, y aunque cada día aprendemos e incorporamos algo nuevo a nuestra mochila de experiencias y conocimientos, todavía nos queda mucho camino por delante.

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